“Hoy los chicos repiten textos como loros; hay mucho enciclopedismo”

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En el país, sólo 3 de cada 10 ingresantes a una universidad se gradúan. Y demoran 8 ó 9 años: casi el doble del tiempo previsto. Para el funcionario nacional, hay que debatir la flexilibilización de planes de estudio y formar jóvenes para los cambios del mundo actual.

“Buenos Aires… una locura. Hay días que parece una ciudad sitiada por cortes en avenidas y congestión en el tránsito”, dice Albor Cantard y sorbe su café. Algo de añoranza por Santa Fe esconden sus palabras. El hoy secretario de Políticas Universitarias de la Nación y ex rector de la UNL es el funcionario nacional a cargo de todo el sistema universitario argentino. Y conoce a fondo sus complejidades y problemas.

En un extenso diálogo con El Litoral, celebró el reciente acuerdo paritario con las seis federaciones de docentes universitarios. “Hacía más de cinco años que no ocurría que todos (los sindicatos) firmaban el acta. No es un dato menor”. Fue una negociación muy conflictiva, con planes de lucha y paros en el medio, y hasta una masiva movilización. “Pero cerramos un buen acuerdo”, ponderó.

Hoy, en el país, sólo 3 de cada 10 ingresantes a una universidad se reciben. “En esto influyen factores multicausales, pero es clave que los chicos lleguen mejor preparados desde el secundario al ciclo básico de la universidad. Porque si no caemos en la deserción de los estudios, o no los retenemos”, marcó otra debilidad de la educación del país. Y adelantó que se trabajará con el Consejo Federal para mejorar la articulación de niveles (ver Proyectos).

Insistió en que es necesario “poner en debate los planes de estudio universitarios, puertas adentro”, y el acortamiento de los trayectos de estudios de grado y de posgrado. “No puede ser que a un estudiante le lleve 8 ó 9 años egresar de una carrera de grado. Esto representa casi un 50 % más del tiempo previsto en los planes de estudio”.

Egreso y lentificación

—A la luz de estos datos, actualmente, ¿los problemas del sistema universitario más graves son la baja tasa de egreso y la lentificación de los trayectos de estudios?

—Sí, creo que si se mide la educación argentina, éstos son los mayores déficits. ¿Qué hacer ante esto? Atacar desde diferentes lugares. Hay causas múltiples, como la desarticulación de niveles entre el secundario y el universitario, un salto brusco de una educación media muy escolarizada y acompañada por los docentes y padres hacia un aprendizaje autónomo como se da en la universidad.

Está también el desarraigo de muchos chicos que vienen del interior, o la falta de orientación vocacional que incide en la deserción universitaria. La mitad de los chicos del país no termina el secundario. Hay deficiencias importantes en el nivel medio.

En paralelo, el sistema universitario tiene que poner en discusión puertas adentro un sistema que a mi juicio es muy antiguo. En la teoría, las carreras son muy largas. Estamos graduando estudiantes (con título de grado) a los 28-29 años, cuando en otras partes del mundo a esa edad ya se están doctorando.

Enciclopedismo académico

Para Cantard, aún perdura “un predominio de una enseñanza muy enciclopedista en la universidad argentina. Las universidades son espacios donde los cambios no son fáciles. Pero a esto hay que ponerlo en debate. No podemos seguir formando licenciados a esa edad, porque va a contrapelo de lo que pasa en el mundo”.

“Le exigimos a los chicos mucho de conocimientos teóricos, que nos repitan como loros el texto de un libro, y perdemos el eje de la misión universitaria, que es formar profesionales que estén en condiciones de adaptarse a los permanentes cambios del mundo. El ejemplo más habitual es el de la carrera de Abogacía. Estas cuestiones son las que el sistema argentino debe poner en debate”, pidió el funcionario.

—Pero en Europa los estudiantes egresan a los 23-24 años con título de grado y hacen directamente un posgrado, porque allí no son tan caros estos estudios superiores. Aquí los posgrados son muy caros, y es difícil su acceso…

—Sí, pero también hay otra cuestión a poner a consideración con la Coneau: las cargas horarias de los posgrados (sea especialización, maestría o doctorado) son excesivas. Para una especialización el tiempo de carga horaria es el doble que el de una maestría en Europa. Ahí estamos en la misma situaciónde alargamiento injustificado de toda la formación académica. Estas cosas también se tienen que discutir.

Estudiantes “crónicos”. Es uno de los principales problemas de la educación superior argentina. A un universitario le lleva entre 8 y 9 años graduarse, casi el doble del tiempo previsto.

Presupuesto universitario

—El presupuesto universitario nacional para este año es de casi $ 52 mil millones. Dada la inflación y el aumento de tarifas, ¿quedó desfasado?, ¿será suficiente para cerrar el año?

—El 92 % de ese total representa salarios docentes. Con el acuerdo universitario más el de los no docentes, que esperamos se resuelva en estos días, sólo en salarios eso tendrá un impacto superior a los $ 8 mil millones. Así, contando el aumento salarial, estamos en los $ 60 mil millones, más las partidas de más de $ 500 millones para gastos de funcionamiento. Entonces, tenemos cerca de $ 61 mil millones (es decir, unos $ 11 mil millones por encima del presupuesto actual, que faltarán para cerrar en año en términos presupuestarios). Luego también tendrá que verse cómo sigue la inflación.

—Entonces, ¿va a haber una reasignación de partidas para cubrir ese déficit presupuestario?

—Se está haciendo, de hecho. Este mes estamos mandando el 18 % por encima de los salarios docentes para hacer frente al primer tramo del acuerdo salarial.

También hay un proyecto en carpeta para que los estudiantes universitarios avanzados realicen dentro de sus prácticas profesionales (incorporadas a las currículas académicas) una tutoría en un secundario, durante un semestre.

Y además, se está trabajando con el Instituto Nacional de Educación Técnica (Inet) para que a los alumnos egresados con título técnico se les reconozca una parte del trayecto educativo en la carrera universitaria que sigan, por ejemplo una ingeniería. “Una mayor flexibilidad en las carreras debería favorecer al acortamiento de los tiempos de egreso y mejorar los niveles de retención”, refirió Cantard.

Por Luciano Andreychuk, El Litoral

Foto: Archivo El Litoral / Mauricio Garín

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